Tras el 26J: Iniciamos una nueva etapa

Los contenidos serán importantes, pero probablemente también las formas, la organización, la democracia, la horizontalidad y el carácter confluyente, innovador, inclusivo, diferenciado de fórmulas políticas tradicionales.

 

Las elecciones del 26J confirmaban la ruptura del bipartidismo en la provincia de Huesca, lograda el 20D por la coalición formada por Podemos y la plataforma ciudadana Alto Aragón en Común. Jorge Luis, integrante de este último colectivo y de nuevo diputado electo, recogía esta semana su acta como parlamentario, en esta ocasión por la coalición Unidxs Podemos en Común. Pronto se conformarán las cámaras, quizá un nuevo gobierno, y se iniciará una nueva etapa de actividad política y social, en las calles, en los pueblos y en las instituciones.

Huesca ha vuelto a ser en esta convocatoria la única provincia rural, pequeña en población, de las de 3 diputadxs o menos, que ha logrado quebrar el dominio bipartidista, consolidando los resultados de la trabajada confluencia fraguada para el 20D. Y lo ha hecho logrando buenos resultados en zonas urbanas, y muy buenos -además de en el voto emigrante- en muchas áreas rurales (donde es primera o segunda fuerza en muchas localidades). Es una experiencia que, quizá por eso, vale la pena analizar y,quizá también, por haberse llegado a ese lugar construyendo, en un rincón de la periferia estatal, un espacio político nuevo, de carácter ciudadano, confluyente, democrático  y de base, como es Alto Aragón en Común, que se ha coaligado con otros actorescon los que comparte objetivos (Podemos, Unidos Podemos).

Aprovechamos para revisar ese proceso, antes de iniciar esa etapa nueva, en la que los contenidos serán importantes, pero también las formas, la organización, la democracia, la horizontalidad y el carácter confluyente, innovador, inclusivo, y alejado de las estructuras tradicionales. Y lo hacemos recuperando dos artículos que se publicaron hace unas semanas, antes del 26J, repasando esa experiencia, que quizá pueda aportar algunas enseñanzas, para el camino que emprendemos.

El primero es del Luis Moreno Caballud, profesor de la Universidad de Pennsylvania, originario del Bajo Cinca y el segundo de tres integrantes de Alto Aragón en Común.

 

La confluencia desde abajo ya ha ocurrido: el caso de Ahora Alto Aragón en Común

Por Luis Moreno Caballud, profesor de la Universidad de Pennsylvania

 

No sé si habéis oído hablar de la confluencia que tuvo lugar en Huesca para las pasadas elecciones generales [las del 20D], Ahora Alto Aragón en Común (AAAeC). Probablemente no, y si me dejáis, me gustaría preguntarme por qué.

A 5 años del 15M, intento no dejar nunca de recordarme a mí mismo una de las sensaciones más potentes y sorprendentes que viví en ese momento. No es una cosa mía particular, la he contrastado en muchas conversaciones con personas que me dicen que también la sintieron. Fue la emoción de encontrar a tanta gente que de una forma u otra “estaba en lo mismo”, “pensaba igual”, “se juntaba”. ¿De dónde había salido toda aquella gente? ¿Dónde habían estado antes todas esas personas que aparecieron en las plazas, en las redes, en las calles, en las asambleas, en la simpatía generalizada que recibió el movimiento? ¿De dónde habían salido todos aquellas nuevas amigas y amigos?

De esa sorpresa nació una experiencia de confianza en la posibilidad de tener algo en común con la inmensidad de desconocidos que nos rodea. No sé para vosotras, pero para mi desde el 15M ya no es lo mismo pasear por la calle, ir a un parque público, entrar a comprar en el supermercado, tomarme una caña en un bar. Sé que puedo estar rodeado en ese mismo momento de gente que pasó por las plazas, que se emocionó o se indignó, o que por lo menos dijo “ya era hora de que esta juventud hiciera algo”. Más que nada, lo que no puedo ya dar por hecho es que la persona que está a mi lado clavándome el codo en el vagón de metro, la que me molesta con la radio demasiado fuerte, la que se cruza en mi camino haciéndome dar un traspiés, sea alguien con quien no puedo hablar o entenderme. Incluso, ¿por qué no?, un potencial compañero o compañera.

En mi asamblea del 15M (algo peculiar, por ser una de las que hicimos los emigrados en ciudades de todo el mundo, pero en realidad no tan diferente a las demás), había gente con la que a lo mejor nunca hubiera pensado que podría tener nada que ver. Gente a la que tal vez nunca hubiera mirado a la cara; esos “bultos” que van por la acera, esas sombras a veces casi hostiles en las que nos convierte la “prisa urbana” (eufemismo para evitar decir: “el capitalismo”). Y sin embargo, con esa gente compartí algunos de los momentos de complicidad más intensos de mi vida.

 

“¿No será que una vez más, volvemos a creer con tanta fe en la incapacidad de “la gente” que llegamos hasta a negar lo que tenemos delante de nuestros propios ojos?”

He hecho el esfuerzo de no olvidar esa sensación en estos cinco años, porque me parece que había allí una lección que necesitaba y sigo necesitando. No se trata de idealizar, ni de caer en el “buenismo”. Pero sí de una liberación: quitarse de encima ese prejuicio tan arraigado –en la izquierda, en el mundo de “la cultura”, en España- de pensar que “el común de los mortales” o es estúpido, o, cuando menos, es un ser esencialmente ajeno, algo de lo que uno necesita apartarse para existir. Esa idea de “la gente” como una especie de masa informe de la que hay que desconfiar. La idea de que uno no es “la gente”, de que de la gente se habla siempre en tercera persona. Creo que para muchas el 15M fue liberarse de ese prejuicio.

Sí, somos la gente.

Yo crecí en un pueblo de la provincia de Huesca, Fraga, en el que se habla catalán, pero toda mi familia es de Caspe, pueblo castellano-parlante de la provincia de Zaragoza. Ese cruce de lugares y lenguas, desde luego no contribuyó mucho a que me sintiera de algún sitio durante mi infancia y adolescencia. Si a eso le añades que me marché a los 18 años para vivir en Barcelona, luego Madrid y desde hace ya trece años en Estados Unidos, pues imagínate. Esa deslocalización, esa diáspora en la que andamos no sé ya si una generación o varias, no ayuda nada a ponerle cara y sacar de ese mito de lo informe a “la gente”. ¿La gente de dónde, si uno no consigue dejar de estar de paso?

Con el 15M, para mi sorpresa, volvió esa afinidad y esa identificación con “la gente”, y con ella volvió para mí también un lugar, Huesca, el lugar donde había crecido. Entre el caos de hiper-actividad y sobre-información del momento, me llegaban signos muy buenos de lo que pasaba en la provincia pirenaica, señales de un 15M oscense muy potente, de asambleas en los pueblos, de nuevos encuentros entre gente a la que le valió de mucho encontrarse, y de renovada energía para quienes no se habían conformado con la identificación del mundo real con el neoliberalismo.

Después, en el momento en que la energía del 15M empezó a canalizarse en gran parte hacia lo electoral, de nuevo era de allí de donde, con mayor sorpresa aún si cabe, llegaban las mejores noticias. En Huesca estaban consiguiendo eso que en principio parecía que iba a ser tan fácil pero que luego se volvió de pronto tan difícil: crear una herramienta electoral capaz de estar a la altura de las exigencias del 15M. La herramienta se llamó, y se llama Ahora Alto Aragón en Común (AAAeC), y ya otras compañeras y compañeros han contado con precisión su breve historia: aquí y aquí. Sí, se trata de una “confluencia desde abajo”, con primarias abiertas, con presencia importante de las redes ciudadanas del 15M, no manipulada por decisiones de partidos, y que encima logró acabar con el imperio del bipartidismo en una provincia de 3 diputados como es Huesca, presentándose en coalición con Podemos, pero con un cabeza de lista independiente.

 

“[…] sí es posible hacer las cosas desde abajo, también en el plano electoral, y que aunque la política institucional esté llena de compromisos eso no significa que nos tengamos que conformar con una política de “grandes líderes”, ni que tengamos que ponernos a hablar de repente como políticos profesionales, ni que pensemos que tenemos que “darle a la gente lo que quiere”, porque lo que quiere la gente lo decidimos entre todxs nosotrxs.”

Lo que yo quiero añadir es simplemente una pequeña reflexión sobre por qué quizás no hemos oído hablar más de este caso, que podría haber sido exhibido a diestro y siniestro como una pequeña pero significativa victoria. ¿No será que una vez más, volvemos a creer con tanta fe en la incapacidad de “la gente” que llegamos hasta a negar lo que tenemos delante de nuestros propios ojos? Esa famosa “confluencia desde abajo” de la que tanto se habla y que tan inalcanzable parece, ya sucedió. En las pasadas elecciones, en Huesca, una provincia, sí, pequeña. Pero, ¿más que un problema de tamaño no será que Huesca es un lugar demasiado apto para ser identificado con esa masa informe e insignificante que sería “la gente”, para ser identificado con esos bultos incapaces que supuestamente nos rodean? ¿No será que no vemos a Huesca y a AAAeC porque no queremos mirar a la cara de la gente, es decir, a nuestra propia cara?

A 5 años del 15M, mi agradecimiento a lxscompañerxs de AAAeC por recordarnos que sí es posible hacer las cosas desde abajo, también en el plano electoral, y que aunque la política institucional esté llena de compromisos eso no significa que nos tengamos que conformar con una política de “grandes líderes”, ni que tengamos que ponernos a hablar de repente como políticos profesionales, ni que pensemos que tenemos que “darle a la gente lo que quiere”, porque lo que quiere la gente lo decidimos entre todxsnosotrxs.

Artículo publicado en Culturas de Cualquiera, con licencia CC.

 

La cuarta confluencia (Y el espíritu de Ahora en Común)

Por Juan Rodríguez Bielsa, Catherine Martínez y Ramiro Moreno Chiral

 

Pablo Echenique cerraba la rueda de prensa en que Pablo Iglesias anunciaba que sería el nuevo secretario de organización de Podemos destacando los resultados de la confluencia de su partido y Alto Aragón en Común en Huesca el pasado 20-D. Sin embargo rara vez se habla de esta iniciativa, que recibió el apoyo expreso de Ada Colau, que consiguió romper el bipartidismo en una provincia rural, con solo tres escaños en juego, y que es, quizá, la única heredera del espíritu inicial de Ahora en Común –mestizo, horizontal e inclusivo–, que ahora se reivindica desde distintos sectores.

Mucho se escribió en la pasada legislatura sobre ese ecosistema de fuerzas “del cambio” del queformaban parte en el Congreso, junto a Podemos, varias “confluencias” territoriales y que, de alguna manera se hareconfiguradoen la convocatoria electoral del 26J. Una y otra vez, en medios y tertulias, analizó, cuestionó o resaltó el papel de En Comú-Podem, de Cataluña, la actuación de los gallegos En Marea o las vicisitudes de la coalición Compromís-Podem-Es el momento [ahora ampliada y denominada A la valenciana], que obtuvieron excelentes resultados en sus territorios. Sin embargo rara vez se ha hecho referencia en esta breve legislatura a la cuarta confluencia, la que dio a este conglomerado, en esa primera legislatura del cambio, el diputado número 69, y la que encontró la fórmula[y la confirmó el 26J] para quebrar el bipartidismoen una provincia pequeña, con gran peso de la población rural, como son buena parte de las que pueblan el interior del país.

Se trata de la articulada entonces por la plataforma ciudadana Alto Aragón en Común, que en coalición con Podemos, consiguió poner fin en Huesca, una provincia con solo tres diputados, al poder intocable del bipartidismo, que se había prolongado durante casi 40 años en ese territorio.Esta confluencia lograba este hito histórico con recursos económicos ridículos(2.760 euros), impulsada por el entusiasmo de los activistas de movimientos sociales que lanzaban Alto Aragón en Común y el de los integrantes de los círculos de Podemos, supervivientes a una profunda crisis que dejaba a esta organización, semanas antes de las elecciones, sin representación en la capital oscense y tocada en otras localidades.

El resultado: Huesca era la provincia más pequeña en todo el Estado en que se lograba un diputado –el integrante de Alto Aragón en Común Jorge Luis Bail– para este conglomerado de formaciones que aspiran a ser reconocidas, en el ámbito de la política institucional, como hijas del impulso del 15M. Huesca era también la única circunscripción aragonesa que rompía, en sentido contrario, la tendencia a la bajada en votos, que sufría Podemos en esa comunidad, en relación a los comicios autonómicos.

 

Cuartaconfluencia

Las cuatro confluencias que obtuvieron representación el 20D 
(Tomado de Wikiwand. Licencia CC)

¿Cuáles han sido las claves del éxito de esta experiencia confluyente que, recibió el apoyo expreso de Ada Colau, y que Pablo Echenique ha puesto como ejemplo en varias ocasiones desde que es secretario de organización de su partido?

Evidentemente el tirón electoral de Podemos es un elemento fundamental. Pero no suficiente. A él se suma la aportación de Alto Aragón en Común, una plataforma confluyente con trayectoria diferenciada de la de otras experiencias de convergencia, que ha permitido combinar en la candidatura oscense la incorporación de nuevos sectores con el arraigo en las luchas sociales y en la realidad del territorio.

Alto Aragón en Común nace a raíz de la iniciativa estatal Ahora en Común, que pretendía conseguir en las elecciones generales candidaturas unitarias de confluencia, en todas las comunidades, con una estructura participativa y horizontal, inspiradas en las que alcanzaron el gobierno de importantes ayuntamientos: Zaragoza en Común, Ahora Madrid, Barcelona en Común, o las “mareas” gallegas… Esta plataforma ciudadana se ha mantenido en la provincia de Huesca fiel a esos principios, propiciando un espacio político que permite a personas independientes y activistas de movimientos sociales trabajar en pie de igualdad con las pertenecientes a organizaciones políticas. Eso ha hecho posible activar redes informales del tejido social que han impulsado la candidatura.

La ilusión generada por unas primarias abiertas y no controladas desde direcciones partidarias, la incorporación de “nuevos” rostros –algunos con amplias trayectorias, aunque fuera de la política institucional–, y la consecución para este proyecto de autonomía política en relación a los temas aragoneses y a las preocupaciones de los movimientos sociales de la comunidad han contribuido a sumar.

Junto a ello, la pluralidad de ese espacio. Participan en las asambleas de Alto Aragón en Común personas independientes, de colectivos ciudadanos, y de todos los partidos políticos a la izquierda del PSOE, en ocasiones incluso contra la opinión de sus direcciones. (No olvidemos que algunas de ellas forzaron la ruptura de la unidad de todos los sectores “del cambio” acordada en la “asamblea de Binéfar” de Alto Aragón en Común, por no coincidir con sus estrategias nacionales).

Otra de las claves ha sido la articulación de un discurso arraigado en la realidad del territorio, que ha asumido sin complejos las necesidades del medio rural (Huesca tan solo cuenta con una localidad de más de 50.000 habitantes, y cinco de entre 10.000 y 20.000). Podemos-Alto Aragón en Común ha evitado replicar mecánicamente los contenidos políticos generados en las grandes ciudades, introduciendo elementos programáticos propios y adaptando o enfatizando otros del programa general.

Los procesos confluyentes que se han generando para el 26J suponen, por un lado, una nueva oportunidad para impulsar este tipo de iniciativas en diversos territorios, pero plantean, por otro, numerosos interrogantes. El manifiesto ‘A por todas‘ proponía recientemente un nuevo “Ahora en común”, construido desde la base, con procesos de participación y primarias comunes. Los reducidos plazos electorales y la inercia de las maquinarias de los partidos propician, sin embargo, acuerdos “por arriba” que no está claro que puedan activar mecanismos objetivos y subjetivos como los descritos. [Quizá el resultado electoral plantee reflexiones en torno a ello]. Pero el proceso no ha acabado todavía y habrá de concretarse en cada comunidad, en cada provincia, para establecer fórmulas de trabajo futuro. Mantener el camino abierto por experiencias como esta, y propiciar que arraiguen otras que nos ayuden a impulsar las demandas de cambio social, forjadas en los debates y movilizaciones de las plazas, es un objetivo deseable. Y tenemos que hacerlo posible.

Una versión de este artículo ha sido publicada en Diagonal: 1.

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